¿Es bueno comerse la placenta?
En los últimos años, la práctica de comerse la placenta después del parto ha ganado popularidad, especialmente en redes sociales y algunos medios alternativos de salud.
Se promociona como una forma “natural” de recuperar nutrientes, mejorar la piel, prevenir la caída del cabello e incluso evitar la depresión posparto. Sin embargo, según especialistas, no existe evidencia científica seria que respalde estos supuestos beneficios.
¿Por qué algunos animales se comen la placenta?
Una de las justificaciones más frecuentes para esta práctica es que “otras especies de mamíferos también se comen la placenta”. Sin embargo, el especialista aclara que esta comparación no tiene fundamento.
En la naturaleza, animales como los perros, lobos y grandes felinos se comen la placenta —e incluso las heces de sus crías— para no dejar rastros que puedan atraer depredadores. Es una conducta de supervivencia, no una elección nutricional.
El especialista es contundente:
“A menos que corras el riesgo de que un depredador te coma a ti o a tu hijo, no tiene ningún sentido comerte la placenta.”
La verdad sobre los “nutrientes” de la placenta
Una de las creencias más extendidas es que la placenta contiene una gran cantidad de nutrientes y que su consumo puede aportar beneficios para la salud. Sin embargo, la evidencia científica disponible no lo respalda.
Solo existe un estudio que analizó el valor nutrimental de la placenta humana, y en él se evaluaron solo 14 nutrientes. Este estudio no incluyó sustancias tóxicas que podrían estar presentes, como plomo, benceno, terpenos, aldehídos o arsénico, todos ellos compuestos que la placenta filtra durante el embarazo para proteger al bebé.
Además, la placenta puede contener microorganismos e infecciones como toxoplasma, citomegalovirus o micobacterias. Consumirla implica ingerir también las toxinas y agentes patógenos que ese órgano retuvo.
En cuanto al valor nutricional, el doctor señala que una dieta balanceada aporta mucho más:
“La placenta no tiene más hierro que un plato de frijoles o un filete con ensalada de espinacas.”
¿Comerse la placenta mejora la piel o evita la caída del cabello?
Otro argumento común es que comer placenta ayuda a mejorar la piel o evitar la caída del cabello después del parto. Según el doctor Luis, esto tampoco es cierto.
El cuerpo humano no tiene un depósito de aminoácidos como sí lo tiene de grasa o glucosa. Después del parto, los aminoácidos disponibles se utilizan principalmente para la producción de leche materna, no para el crecimiento del cabello o la regeneración de la piel.
Por ello, la placenta no puede cubrir esas necesidades. Los cambios en el cabello y la piel tras el parto son fenómenos transitorios y benignos, que se corrigen con una alimentación equilibrada y, si es necesario, con suplementos nutricionales.
El especialista también menciona el papel del efecto placebo: muchas mujeres creen notar mejorías simplemente porque alguien les asegura que las tendrán. A menudo, la atención posparto se centra en el bebé, y la madre tiende a ser más crítica con su propio cuerpo, lo que puede amplificar la percepción de síntomas menores.
¿Y las cápsulas de placenta?
Algunas personas optan por consumir cápsulas elaboradas con placenta deshidratada y esterilizada, creyendo que así se eliminan los riesgos. Sin embargo, el doctor Luis advierte varios puntos importantes:
- En México, sacar una placenta del hospital es ilegal, ya que se considera un residuo biológico-infeccioso (RPBI) y debe manejarse bajo normas sanitarias estrictas.
- Incluso si el proceso de “esterilización” y “deshidratación” fuera real, podría destruir los nutrientes que se supone se quieren aprovechar.
- La cantidad de tejido que se ingiere en cápsulas es mínima, por lo que no alcanza para producir ningún efecto nutricional real.
En palabras del doctor:
“Para obtener el supuesto beneficio nutrimental tendrías que comerte toda la placenta en una sola sentada... y creo que es preferible una ensalada con proteínas.”
Entonces, ¿por qué se promueve tanto?
Según el doctor Luis, la respuesta es simple: porque se ha convertido en un negocio.
Al igual que con otros productos milagro, detrás de la promoción de la placentofagia hay conflictos de interés y desinformación. Muchas personas, incluso algunos médicos, recomiendan esta práctica basándose en información de internet, sin respaldo científico ni estudios de calidad.
“Los médicos serios no promovemos esas prácticas. Es un modelo de negocio basado en la ignorancia. La información que circula es publicidad, no ciencia.”
De hecho, instituciones médicas como la Sociedad Canadiense de Ginecólogos y Obstetras (SOGC) han emitido comunicados desaconsejando el consumo de placenta, justamente por la falta de evidencia científica y los riesgos potenciales.
Comerse la placenta no aporta beneficios comprobados, y sí puede implicar riesgos por la presencia de toxinas o infecciones. Su consumo se basa más en creencias y modas sin sustento científico que en hechos comprobados.
La mejor forma de recuperarse tras el parto sigue siendo una alimentación balanceada, descanso adecuado y seguimiento médico profesional. Como señala el doctor Luis,
“Los recursos de investigación deberían destinarse a temas verdaderamente útiles, no a estudiar si es bueno comerse la placenta.”