Resurgimiento del Sarampión en México: impacto de la disminución en coberturas vacunales y retos en la práctica pediátrica actual
El Sarampión, una enfermedad que durante años se consideró controlada, ha vuelto a encender las alertas sanitarias en México y el mundo. Este resurgimiento no es casual: responde principalmente a la disminución en las tasas de vacunación, lo que ha generado una crisis de salud pública con consecuencias graves, especialmente en la población infantil más vulnerable.
Un retroceso inesperado
En nuestro país, el último caso autóctono de Sarampión se registró en 1995. En América, la enfermedad fue declarada erradicada en 2015 según datos de la OMS. Sin embargo, la disminución en las coberturas vacunales ha provocado una crisis de salud pública global y nacional en 2025-2026, permitiendo el regreso de enfermedades que ya estaban controladas.
La cobertura vacunal ha descendido al 80%, muy lejos del 95% que se tenía previamente, lo que ha favorecido el resurgimiento de brotes. En México se han registrado 31 defunciones, con predominio en el estado de Chihuahua, siendo el grupo etario más vulnerable los menores de un año.
Para el Pediatra actual, los retos son claros: la detección oportuna del Sarampión, la implementación de la “Dosis Cero” en niños de 6 a 11 meses de edad y, de manera muy importante, contrarrestar los mitos, miedos y dudas que promueven la resistencia a la vacunación.
El impacto de la desinformación
La desinformación, los movimientos antivacunas y los mitos tienen un impacto negativo directo en la salud colectiva, al reducir las tasas de Vacunación y provocar el resurgimiento de enfermedades prevenibles, como el Sarampión.
La difusión de información falsa en redes sociales e internet ha sembrado dudas sobre la seguridad de las vacunas y ha promovido mitos sobre supuestos efectos secundarios, como la falsa relación con el autismo. Esta situación incrementa la mortalidad y nulifica avances en salud pública que han requerido años de esfuerzo.
Consecuencias del Sarampión: más allá del exantema
El Sarampión no es solo una erupción cutánea pasajera; puede desencadenar complicaciones graves que afectan múltiples órganos, tanto a corto como a largo plazo.
Consecuencias a corto plazo
- Infecciones de oído, una de las complicaciones más frecuentes, que puede provocar pérdida temporal de la audición
- Diarrea intensa
- Encefalitis aguda (inflamación del cerebro), que puede causar convulsiones, coma y daño cerebral irreversible
- Ceguera, debido al daño que el virus puede ocasionar en la córnea
Consecuencias a largo plazo
- El virus “borra” la memoria del sistema inmunitario, eliminando los anticuerpos que el niño ya había desarrollado contra otras enfermedades
- Puede permanecer latente en el cerebro y reactivarse entre 7 y 10 años después, provocando un deterioro progresivo hasta causar la muerte
- Sordera total o ceguera irreversible
- Daño neurológico crónico, incluyendo discapacidad intelectual o trastornos permanentes del movimiento
Cómo diferenciar el Sarampión de otros exantemas
Para distinguir el sarampión de otras enfermedades exantemáticas como Rubéola, Escarlatina o Varicela, los Pediatras se basan en una progresión clínica muy específica y en signos patognomónicos.
El signo definitivo son las Manchas de Koplik, localizadas en la mucosa interna de las mejillas. Además, suelen presentarse Conjuntivitis, coriza y compromiso respiratorio, seguidos de un exantema que inicia en el rostro, en la línea del cabello, y se extiende a todo el cuerpo en forma de grandes parches rojos.
Diferencias clave con enfermedades similares
- Rubéola: fiebre más leve y ganglios inflamados detrás de las orejas y en la nuca
- Escarlatina: lengua en “fresa” y piel con textura similar al papel de lija
- Varicela: lesiones en forma de ampollas con líquido (vesículas) que producen intensa comezón
- Eritema infeccioso: aspecto característico de “mejilla abofeteada”, con enrojecimiento intenso localizado en la cara
Retos actuales en la práctica pediátrica
Uno de los principales desafíos es el diagnóstico y la vigilancia oportuna, ya que el virus del Sarampión es extremadamente contagioso. La cobertura de vacunación disminuyó de manera importante tras la pandemia de Covid-19, sumándose la circulación de información falsa sobre la seguridad de las vacunas y la resistencia promovida por grupos antivacunas. Debe considerarse también la amnesia inmunológica, fenómeno por el cual el virus elimina hasta el 73% de la inmunidad previa del niño, aumentando la vulnerabilidad frente a otras infecciones virales y bacterianas durante los meses posteriores a la recuperación.
Recuperar la confianza en las vacunas
Ante el brote de 2025-2026, la recuperación de la confianza en las vacunas requiere una alianza estratégica entre el sistema de salud y la comunidad educativa, transformando a la escuela en un núcleo de salud comunitaria.
Las acciones prioritarias incluyen:
- Fortalecer la educación en salud
- Desmentir mitos sobre las vacunas
- Difundir las ventajas de la inmunidad colectiva
- Implementar estrategias de vacunación escolar
- Fomentar que padres de niños vacunados compartan experiencias positivas con otros padres, promoviendo así la confianza
Estrategias implementadas en México y el mundo
Para aumentar la cobertura y proteger a las generaciones más vulnerables, se han propuesto diversas acciones:
- Campaña de vacunación de contención (febrero 2026): disponibilidad de 28 millones de dosis para niños de 6 meses a 12 años en más de 21,000 centros de salud
- Implementación de la “Dosis Cero” para lactantes de 6 a 11 meses en zonas de alto riesgo, como protección temprana que no sustituye el esquema regular de los 12 y 18 meses
- Instalación de puntos de vacunación semifijos en estaciones de Metro, Metrobús y plazas públicas, con horarios extendidos para facilitar el acceso a familias trabajadoras
- Implementación de cercos epidemiológicos en zonas críticas, con brigadas de barrido puerta a puerta en municipios con transmisión activa
El resurgimiento del sarampión representa un llamado urgente a reforzar la vacunación, combatir la desinformación y fortalecer la vigilancia epidemiológica. Solo mediante un esfuerzo conjunto entre profesionales de la salud, autoridades, instituciones educativas y familias será posible recuperar los avances logrados y proteger a las generaciones más vulnerables.