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¿Tu hijo no responde a su nombre? Cuándo considerar un Tamiz de Autismo

Escuchar a un padre decir "siento que mi hijo a veces no responde cuando lo llamo" es una de las observaciones más frecuentes en mi consulta pediátrica. Para muchas familias, esta simple frase enciende de inmediato una pregunta que produce angustia: ¿podría tratarse de Autismo?

Mi respuesta, después de más de tres décadas acompañando el desarrollo de los niños, siempre es la misma: no nos adelantemos. Que un niño no responda a su nombre en algunas ocasiones no significa que tenga un Trastorno del Espectro Autista (TEA). Puede estar absorto en su juego, distraído, cansado, o presentar una dificultad auditiva o del lenguaje que también merece valoración. Lo verdaderamente importante no es interpretar una conducta aislada, sino observar el desarrollo del niño de manera integral y continua. Para eso existe el tamiz de autismo.


Lo verdaderamente importante no es interpretar un comportamiento aislado, sino observar el Desarrollo del Niño de manera integral. Precisamente para eso existe el tamiz de autismo, una herramienta que ayuda al pediatra a identificar qué niños podrían beneficiarse de una evaluación más profunda.

¿Qué es y qué no es un tamiz de Autismo?

Uno de los errores más frecuentes es pensar que el tamiz confirma o descarta el autismo. Conviene decirlo con claridad: un tamizaje no es un diagnóstico. El objetivo del tamiz es identificar señales o comportamientos que sugieran que un niño tiene un mayor riesgo de presentar dificultades en su desarrollo, y que por lo tanto podría beneficiarse de una evaluación especializada. Es una herramienta de detección temprana que complementa dos cosas insustituibles: la observación clínica del pediatra y la información que aportan los padres sobre el comportamiento cotidiano de su hijo.


En la práctica pediátrica, la vigilancia del desarrollo debe ser continua a lo largo de todas las consultas del niño sano. Además, las recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría incluyen aplicar un tamiz específico para autismo a los 18 y a los 24 meses, aun cuando los padres no hayan manifestado ninguna preocupación. El instrumento que utilizamos para ello es el M-CHAT-R/F, diseñado y validado por la Dra. Diana Robins y su equipo —del que hablaré con más detalle más adelante—. Esto encierra una idea esencial: el tamiz no se realiza solo cuando hay sospecha, sino también como parte del seguimiento habitual del desarrollo.

Mi hijo no responde a su nombre, ¿debo preocuparme?

Responder al propio nombre es una habilidad que forma parte del desarrollo de la comunicación y la interacción social. Pero, insisto, ningún comportamiento debe analizarse de manera aislada.


Un niño puede no responder porque está concentrado en una actividad, porque explora intensamente su entorno o porque en ese momento no atiende al estímulo. Lo que sí merece una conversación con el pediatra es cuando esta conducta es frecuente y se acompaña de otras dificultades de comunicación o interacción social.


Por ejemplo, algunos padres refieren que, además de no responder a su nombre, su hijo tiene poco contacto visual, usa pocos gestos para comunicarse, no señala objetos para compartir un interés o parece tener menor intención de relacionarse con los demás. Ninguna de estas señales, por sí sola, establece un diagnóstico. Son observaciones que me ayudan, como pediatra, a decidir si conviene aplicar un tamiz o una valoración del desarrollo más completa.

¿Qué señales observa el pediatra durante el desarrollo infantil?

El desarrollo no se reduce a cuándo un niño empieza a caminar o a decir sus primeras palabras. Incluye también cómo se comunica, cómo juega, cómo expresa sus emociones y cómo interactúa con quienes lo rodean.


En la consulta suelo preguntar por aspectos muy cotidianos: si el niño responde a sonidos y voces familiares, si comparte intereses mostrando juguetes u objetos, si imita acciones, si su lenguaje avanza acorde con su edad o si disfruta los juegos de interacción recíproca —eso que el National Center on the Developing Child at Harvard University denomina "serve and return": el ir y venir del vínculo, como en un partido, donde el niño hace un gesto o un sonido y el adulto responde, una y otra vez. Ese intercambio es uno de los cimientos de un apego seguro y del desarrollo del cerebro en los primeros años —. Estas preguntas permiten dibujar una visión mucho más amplia que una sola conducta.


La vigilancia del desarrollo combina, entonces, la información de la familia, la observación directa del niño y las herramientas de detección cuando corresponde. Este seguimiento continuo es fundamental, porque cada niño tiene su propio ritmo y algunas diferencias se hacen más evidentes con el paso de los meses.

¿A qué edad se recomienda realizar el tamiz de autismo?

Las recomendaciones actuales indican aplicar un tamiz específico para TEA a los 18 y a los 24 meses, dentro de las consultas periódicas del niño sano. Además, el desarrollo debe vigilarse de forma continua desde los primeros años de vida.


Es importante subrayar que esas edades corresponden al momento del tamizaje universal, pero una evaluación puede realizarse en cualquier momento si los padres, los cuidadores o el pediatra identifican una preocupación. Esperar a que el niño cumpla determinada edad no siempre es la mejor estrategia cuando ya existen dudas importantes sobre su comunicación, su comportamiento o su interacción social.

¿Cómo funciona el tamiz El M-CHAT-R/F?

La herramienta de tamizaje más utilizada y mejor validada en el mundo para esta edad es el M-CHAT-R/ F: el Modified Checklist for Autism in Toddlers, Revised, with Follow-Up (Lista de Verificación Modificada para Autismo en Niños Pequeños, Revisada, con Entrevista de Seguimiento).


Vale la pena conocer su origen, porque habla de su solidez científica. Fue desarrollado por la Dra. Diana L. Robins junto con sus colegas Deborah Fein y Marianne Barton. Hoy la Dra. Robins es directora y profesora del A.J. Drexel Autism Institute en Filadelfia —institución con la que colaboro en investigación— y su equipo ha dedicado años a validar y refinar este instrumento, que se ha convertido en el tamiz específico de autismo más empleado a nivel internacional.


El M-CHAT-R/F es un cuestionario dirigido a los padres o cuidadores, con preguntas sencillas sobre el comportamiento cotidiano del niño: si muestra interés por otras personas, si comparte experiencias, si responde a ciertos estímulos o cómo utiliza la comunicación no verbal. No busca "etiquetar" al niño, sino conocer cómo se desenvuelve en situaciones reales. Su diseño tiene una característica clave: funciona en dos etapas.


Primero se responde el cuestionario inicial. Cuando el resultado se ubica en un riesgo intermedio, se aplica una entrevista de seguimiento (el Follow-Up) que permite precisar mejor las respuestas antes de tomar cualquier decisión. Esta segunda etapa es justamente lo que reduce las falsas alarmas y hace del M-CHAT-R/F una herramienta tan confiable. Los estudios de la Dra. Robins y su grupo han mostrado que los niños identificados con esta metodología de dos pasos pueden ser diagnosticados a edades considerablemente más tempranas, lo que abre la puerta a intervenciones oportunas.


Conviene recordarlo una vez más: el M-CHAT-R/F es un instrumento de tamizaje, no de diagnóstico.

¿Qué ocurre si el tamiz sale positivo?

Esta es, probablemente, la pregunta que más angustia genera en las familias. Y la respuesta merece calma. Un resultado positivo no significa que el niño tenga autismo. Significa que existen suficientes elementos para recomendar una valoración más detallada del desarrollo.


Esa evaluación puede involucrar a distintos profesionales según las necesidades del niño: pediatría del desarrollo, neurología pediátrica, psicología, psiquiatría infantil o especialistas en lenguaje y comunicación.


También hay que decirlo con honestidad: algunos niños con un tamiz positivo finalmente presentan condiciones del desarrollo distintas al TEA, y otros solo requerirán seguimiento. El valor del tamiz no está en colocar una etiqueta, sino en abrir a tiempo la puerta hacia una evaluación oportuna.

Un paso que no debemos saltarnos: descartar la vista y el oído

Aquí quiero detenerme en algo que, por experiencia clínica, considero fundamental y que muchas veces se pasa por alto.


El orden importa. Primero se aplica el M-CHAT-R/F. Y solo si sale alterado, el siguiente paso —antes de asumir cualquier otra cosa— es descartar que se trate de un problema de la vista o del oído. Lo señalo así porque el tamiz visual de rutina no suele realizarse antes de los dos años, de modo que un defecto de la visión puede pasar inadvertido justo en la etapa en que aplicamos el tamiz del desarrollo.


La razón es sencilla y poderosa: un niño que no ve bien o que no escucha bien puede simular varios de los ítems del M-CHAT-R/F. Si no fija la mirada, si no responde a su nombre o si parece poco conectado con su entorno, no siempre es una señal de autismo: a veces es, simplemente, que no está viendo o escuchando como debería. En mi consulta me ha tocado ver niños cuyo M-CHAT-R/F salió con 5, 6 e incluso 7 ítems en alerta. Al enviarlos a valoración, el tamiz visual detectó un defecto de refracción; se les indicaron lentes; y al repetir la prueba, el M-CHAT-R/F salió normal, en cero. El "riesgo" que tanto había asustado a la familia era, en realidad, una visión que necesitaba corregirse.


Por eso insisto tanto en no brincar etapas ni sacar conclusiones apresuradas. Ir paso a paso, sin saltarse ninguno, es lo que ofrece información confiable a la familia: ni un susto innecesario, ni una falsa tranquilidad

¿Por qué importa la detección temprana?

Hablar de detección temprana no es generar alarma ni buscar diagnósticos innecesarios. Es ofrecer a cada niño la oportunidad de recibir el apoyo que necesita en el momento adecuado. Cuando hay dificultades en la comunicación, el lenguaje o la interacción social, identificarlas de manera oportuna permite orientar a la familia, realizar las evaluaciones especializadas que estén indicadas y facilitar el acceso a intervenciones y apoyos ajustados a cada niño.


Cada pequeño desarrolla sus habilidades a su propio ritmo, por lo que compararlo constantemente con otros rara vez ayuda. Lo valioso es observar su propia evolución y compartir cualquier inquietud con el pediatra durante las consultas de seguimiento. Y aquí quiero compartir algo que, como pediatra, me llena de esperanza. El momento de la detección cambia el pronóstico.


El trabajo del grupo del Dr. Ami Klin y Warren Jones —publicado en la revista Nature— ha mostrado que intervenir de forma oportuna, en los primeros años de vida, puede modificar por completo la trayectoria de desarrollo de un niño: de una que requeriría apoyos intensos a lo largo de toda la vida, hacia la posibilidad real de una vida independiente y plena, con estudios, trabajo y relaciones satisfactorias. Cuando la detección se retrasa hasta los 4, 5 o 6 años, en cambio, esa ventana de mayor plasticidad ya se ha ido cerrando y el margen para modificar la trayectoria se estrecha. Por eso insisto tanto: adelantarnos no es alarmar. Es actuar cuando todavía se puede hacer la mayor diferencia. La detección temprana no es un trámite; es, literalmente, una puerta hacia el futuro del niño.

¿Cuándo conviene hablar con el pediatra?

Si has notado que tu hijo frecuentemente no responde a su nombre, que ha perdido habilidades que ya había adquirido, que presenta dificultades importantes para comunicarse o relacionarse, o simplemente sientes que su desarrollo no avanza como esperabas, vale la pena comentarlo. La intuición de los padres no sustituye una valoración médica, pero forma parte esencial de la historia del desarrollo del niño.


El pediatra será quien integre toda la información, observe al pequeño y determine si conviene aplicar un tamiz de autismo, continuar con la vigilancia del desarrollo o solicitar una evaluación especializada.


Porque el objetivo nunca es etiquetar a un niño por un comportamiento aislado. El verdadero propósito de la pediatría es comprender su desarrollo de manera integral, acompañar a la familia y ofrecer herramientas que favorezcan el bienestar y el crecimiento saludable de cada niño.