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Ansiedad y Depresión en niños con TEA: ¿cómo reconocer las señales?

Cuando hablamos del Trastorno del Espectro Autista (TEA), solemos pensar en las dificultades relacionadas con la comunicación social, la interacción con otras personas y los comportamientos repetitivos o intereses restringidos. Sin embargo, el desarrollo de un niño con TEA también puede estar acompañado por otras dificultades emocionales, entre ellas la ansiedad y los cambios en el estado de ánimo.


Reconocer estas manifestaciones es importante porque algunos síntomas pueden confundirse con características propias del TEA. Un cambio repentino en la conducta, por ejemplo, no siempre significa que el niño simplemente “está portándose mal”.


Puede ser una forma de expresar que algo le preocupa, le resulta difícil de comprender o ha cambiado en su entorno.

¿Cómo puede manifestarse la ansiedad?

Desde edades tempranas pueden identificarse algunas características del TEA relacionadas con la comunicación social, los comportamientos repetitivos y, en algunos casos, las diferencias en el procesamiento sensorial. Muchos niños reciben terapias y apoyos destinados a favorecer la comunicación, la autonomía y la interacción social.


En casa, las familias suelen complementar este trabajo mediante rutinas y actividades estructuradas. La previsibilidad puede ayudar a que el niño se adapte mejor a sus actividades cotidianas.

Pero ¿qué sucede cuando esa rutina cambia?

Una mudanza, un cambio de escuela, la suspensión o modificación de terapias, la llegada de un nuevo integrante a la familia o incluso cambios importantes en los horarios pueden representar un desafío.


En algunos niños, la Ansiedad puede manifestarse mediante llanto frecuente, miedo intenso, cambios en los hábitos alimentarios, rabietas, evitación de determinadas situaciones o temor ante lugares, personas o circunstancias específicas.


Por eso, cuando aparece un cambio de conducta que antes no estaba presente, es importante preguntarse qué pudo haberlo desencadenado.

¿Una rabieta siempre significa un problema de conducta?

No necesariamente.


En un niño con dificultades para comunicar lo que siente, una conducta intensa puede convertirse en una forma de expresar malestar.


Gritar, patear, arrojar objetos, rasguñar, morder o presentar una crisis pueden ser respuestas asociadas a diferentes situaciones.


Antes de asumir que se trata únicamente de un problema de conducta, conviene analizar qué ocurrió antes de la crisis.


¿Cambió alguna rutina? ¿Hubo una modificación en el entorno? ¿El niño está enfrentando una situación que no comprende? ¿Existe algún problema de comunicación? ¿Hay dolor, alteraciones del sueño u otra condición médica?

Identificar el desencadenante puede permitir modificar el entorno y prevenir que la situación vuelva a presentarse.


Cuando no existe una explicación clara o los cambios persisten, es recomendable consultar con un neurólogo pediatra, psiquiatra infantil u otro profesional con experiencia en TEA para determinar si existe ansiedad, depresión u otra condición asociada.

¿Por qué puede ser difícil identificar la depresión?

Detectar ansiedad o depresión en un niño con TEA puede ser especialmente complejo cuando existen dificultades importantes de comunicación.


Un niño puede experimentar tristeza, miedo, frustración o pérdida de interés, pero quizá no pueda explicar con palabras lo que está sintiendo.


Por eso, los cambios respecto a su comportamiento habitual pueden convertirse en señales importantes.


Una disminución repentina de actividades que antes disfrutaba, cambios en el sueño o la alimentación, mayor aislamiento, irritabilidad, llanto frecuente o pérdida de habilidades previamente adquiridas merecen atención profesional.


No todos estos cambios significan necesariamente depresión. Pueden estar relacionados con ansiedad, dificultades ambientales, problemas médicos, alteraciones del sueño u otras circunstancias. Precisamente por eso es importante realizar una evaluación completa.

Entender al niño desde su nivel de desarrollo

Una de las claves para acompañar a un niño con TEA es comprender sus capacidades reales de comunicación, comprensión y adaptación.


Las reglas sociales que parecen sencillas para otros niños pueden resultar difíciles de interpretar para un niño con TEA.


Comprender qué significa esperar un turno, modificar una conducta porque puede afectar a otra persona o adaptarse rápidamente a una situación nueva puede requerir un nivel de procesamiento que todavía no ha desarrollado.


Esto puede generar frustración tanto en el niño como en su familia.


En lugar de interpretar automáticamente estas dificultades como desobediencia, es importante preguntarse si el niño realmente comprende lo que se le está solicitando y si cuenta con las herramientas necesarias para responder.

Adaptar las estrategias puede reducir la ansiedad

Conocer el nivel de desarrollo del niño permite establecer estrategias más realistas.


Las instrucciones pueden adaptarse a su capacidad de comprensión, las rutinas pueden anticiparse mediante apoyos visuales y los cambios pueden introducirse progresivamente cuando sea posible.


También es importante coordinar el trabajo entre familia, escuela y terapeutas para evitar que cada entorno utilice estrategias completamente diferentes.


El objetivo no es obligar al niño a comportarse como los demás, sino ofrecerle herramientas que faciliten su autonomía, comunicación y participación en las actividades cotidianas.

Una mirada integral al TEA

El TEA no se manifiesta de la misma manera en todos los niños. Las necesidades de apoyo pueden variar considerablemente y también pueden cambiar a lo largo del desarrollo.


Por eso, identificar las características individuales del niño permite comprender mejor las situaciones que pueden generar ansiedad, frustración o dificultades de adaptación.


Además, la atención no debe centrarse exclusivamente en las características nucleares del TEA. La ansiedad, la depresión y otras condiciones pueden coexistir y requerir atención específica. Los tratamientos psicológicos, las intervenciones conductuales y, cuando están indicados, determinados medicamentos pueden formar parte de un plan individualizado.


Entender qué hay detrás de un cambio de conducta puede ser el primer paso para ayudar a un niño con TEA a sentirse más seguro, comprendido y acompañado.