TDAH en niños y adolescentes: ¿por qué se utilizan medicamentos para regular la atención y la conducta?
“Es inquieto”, “no pone atención”, “no termina lo que empieza”, “parece que no escucha”, “interrumpe constantemente”. Estas son algunas de las frases que pueden escuchar con frecuencia los padres de un niño o adolescente con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).
Durante mucho tiempo, estas conductas fueron interpretadas principalmente como un problema de disciplina. Se pensaba que establecer límites más estrictos, aplicar consecuencias o premiar el buen comportamiento sería suficiente para lograr que el niño pudiera controlar sus impulsos y mantenerse atento.
Sin embargo, en algunos niños estas dificultades persisten a pesar de los esfuerzos de padres y maestros y comienzan a interferir con el aprendizaje, las relaciones sociales y la vida familiar.
¿Por qué un niño con TDAH tiene dificultades para regularse?
El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que puede afectar la capacidad para regular la atención, controlar los impulsos y manejar el nivel de actividad.
Un niño puede querer escuchar al maestro y, aun así, distraerse constantemente con un ruido, un objeto o cualquier estímulo de su entorno. Puede comenzar una tarea y abandonarla porque pierde la secuencia de lo que estaba haciendo. También puede levantarse continuamente de su asiento, hablar sin esperar su turno, interrumpir a sus compañeros o actuar antes de pensar en las consecuencias.
No se trata simplemente de “no querer obedecer”.
Cuando estas conductas aparecen de manera persistente en diferentes ambientes, como la casa y la escuela, y generan dificultades significativas en la vida cotidiana, es importante realizar una evaluación profesional.
¿Cómo se identifica el TDAH?
El diagnóstico no depende de una sola prueba de laboratorio ni de observar únicamente el comportamiento durante una consulta.
El especialista recopila información de los padres, maestros y, cuando corresponde, del propio niño o adolescente. También puede apoyarse en escalas estandarizadas que permiten cuantificar la frecuencia y la intensidad de determinadas conductas, como las escalas de Conners, SNAP-IV o Vanderbilt.
La valoración busca determinar si los síntomas de inatención, hiperactividad e impulsividad son persistentes, aparecen en más de un contexto y afectan realmente el funcionamiento del menor.
Además, es importante identificar otros problemas que pueden presentarse junto con el TDAH, como Ansiedad, Depresión, dificultades de aprendizaje o problemas de conducta.
Entonces, ¿por qué se utilizan medicamentos?
Esta es probablemente una de las preguntas que más inquietan a las familias.
Los medicamentos para el TDAH no tienen como objetivo simplemente “mantener quieto” al niño ni convertirlo en alguien diferente. Su finalidad es ayudar a regular los síntomas que interfieren con su funcionamiento, especialmente la inatención, la impulsividad y la hiperactividad.
Los tratamientos farmacológicos actúan sobre sistemas de neurotransmisores relacionados con los circuitos cerebrales que participan en la atención y el control de los impulsos. Entre los medicamentos utilizados se encuentran los estimulantes, como el metilfenidato y diferentes formulaciones de anfetaminas, así como medicamentos no estimulantes, entre ellos la atomoxetina y algunos agonistas alfa-2, dependiendo de la edad, características y necesidades del paciente.
¿Significa que todos los niños con TDAH necesitan medicamentos?
No.
El tratamiento debe individualizarse y depende de la edad, la intensidad de los síntomas, el impacto que tienen en la vida cotidiana y la presencia de otras condiciones.
Las guías de la American Academy of Pediatrics recomiendan que en niños en edad escolar y adolescentes con TDAH se consideren medicamentos aprobados junto con intervenciones conductuales y apoyos educativos. En niños pequeños, especialmente entre los 4 y 5 años, las intervenciones conductuales dirigidas a los padres y al entorno escolar son la primera opción, mientras que el uso de medicamentos puede considerarse en situaciones específicas cuando persisten dificultades moderadas o graves.
Por ello, medicar no significa sustituir la educación, los límites o el acompañamiento familiar.
¿Qué mostró el estudio MTA?
Uno de los estudios más conocidos sobre el tratamiento del TDAH fue el Multimodal Treatment Study of Children with ADHD (MTA), que comparó diferentes estrategias terapéuticas en niños con TDAH.
Sus resultados ayudaron a demostrar la eficacia de los medicamentos estimulantes para reducir los síntomas principales del trastorno. También mostraron que las intervenciones conductuales aportan beneficios importantes, especialmente cuando existen otras dificultades asociadas, y reforzaron la importancia de considerar al niño de manera integral.
La evidencia posterior ha mantenido un papel importante para los medicamentos estimulantes y también respalda determinadas alternativas no estimulantes.
¿Y qué ocurre con la conducta en casa y en la escuela?
Aquí está una de las claves del tratamiento.
Un medicamento puede ayudar a disminuir los síntomas del TDAH, pero el niño también necesita aprender estrategias para organizarse, manejar sus emociones, completar actividades y desenvolverse en diferentes ambientes.
Por eso, el tratamiento puede incluir entrenamiento para padres, intervenciones conductuales, adaptaciones escolares y estrategias específicas para favorecer el aprendizaje. La participación de la familia y la escuela puede ser fundamental para que los avances se mantengan en la vida diaria.
Tratar el TDAH es mucho más que controlar la inquietud
El objetivo del tratamiento no es conseguir que un niño permanezca sentado durante horas. Es ayudarlo a desarrollar su potencial, mejorar su funcionamiento y reducir las dificultades que pueden acompañar al trastorno.
Una atención adecuada también implica identificar tempranamente otras condiciones que puedan estar presentes y atenderlas de manera oportuna.
El TDAH no define quién es un niño ni determina quién será en el futuro. Con una evaluación adecuada y un tratamiento individualizado, que puede incluir medicamentos, estrategias conductuales, apoyo familiar y acompañamiento escolar, es posible ayudar a niños y adolescentes a comprender mejor sus dificultades, fortalecer sus habilidades y avanzar con mayor confianza hacia la vida adulta.

