Nunca tomes como pareja a alguien con estos cinco vicios: señales de alerta en una relación
Hay temas que nunca pasan de moda. El buen trato sigue siendo buen trato y el maltrato sigue siendo maltrato. Por eso es importante prestar atención a determinadas conductas dentro de una relación y no normalizar aquello que termina destruyendo la paz y la felicidad.
Estos son cinco vicios o comportamientos a los que conviene prestar especial atención.
1. Mentira compulsiva
Si una persona miente incluso en situaciones que aparentemente no tienen razón de ser, es importante prestar atención. Son las mentiras compulsivas: mentir hasta para tomar un chocolate.
Cuando alguien miente de manera constante, puede llegar a mentir también en situaciones mucho más graves.
En la práctica terapéutica se ha presentado incluso el caso extremo de un paciente que había hecho drogas, hidro drogas económicas, y era incapaz de decírselo a su mujer. En una ocasión, cuando la esposa se disponía a salir y dijo que iba al supermercado, él le respondió que no podía irse porque a las once y media iban a embargar la casa. El impacto que recibió la señora fue impresionante.
Por eso, si alguien miente constantemente, incluso cuando no parece tener ningún motivo para hacerlo, hay que poner atención. La mentira puede terminar alcanzando todos los aspectos de la relación.
2. La necesidad de controlar
Al principio puede parecer interés o preocupación. Después comienza el deseo de saber dónde estás, qué haces y con quién estás. El control puede disfrazarse de cuidado, pero una cosa es preocuparse por la pareja y otra muy diferente es querer controlarla.
Una frase como «es que se preocupa mucho por mí» puede esconder una actitud posesiva.
En un caso terapéutico, por ejemplo, una mujer ni siquiera tenía celular porque su marido lo había impedido. Llevaban nueve años de diferencia y, finalmente, el propio marido terminó cancelando las consultas. Frente a una necesidad de control tan marcada, no se puede ceder simplemente por conveniencia.
Si una relación no te da paz, no es ahí.
3. La necesidad egoísta de atención
Hay personas que necesitan sentirse deseadas por todos. Coquetean, buscan conversaciones ocultas y alimentan su ego fuera de la relación.
El problema no es simplemente que les guste gustar. El problema aparece cuando nunca tienen suficiente.
Entonces cabe preguntarse: ¿de verdad quieres una pareja donde siempre te sientas insuficiente?
Una relación no debería convertirse en una búsqueda permanente de atención fuera de ella.
4. Cualquier vicio que termine gobernando tu vida
Aquí entran el alcohol, las apuestas, las drogas y las obsesiones. Cuando un vicio termina gobernando la vida de una persona, no basta con prometer que las cosas van a cambiar.
Prometer es muy fácil. Lo difícil es demostrarlo durante meses y años.
Las adversidades forjan nuestra voluntad, pero se necesita realmente prometer y cumplir. Cuando alguien tiene adicciones, necesita ser atendido.
Por eso, no basta con escuchar promesas. Lo importante es aquello que la persona demuestra con el paso del tiempo.
5. Violencia emocional
Insultar, humillar, amenazar, manipular, castigar o hacer sentir culpable constantemente a la pareja no es simplemente tener carácter. Eso es maltrato.
También ocurre cuando una persona comienza a descalificar al otro cada vez que intenta hablar. Una pareja debería ser alguien con quien se pueda platicar, hablar y confiar. Si cada vez que uno comienza a hablar recibe una descalificación, surge la pregunta: ¿para qué tener pareja?
No hay amor que justifique el maltrato.
Quien destruye tu paz repetidamente no merece que sacrifiques tu felicidad esperando que algún día cambie. No hay que ignorar estas señales por miedo a estar solo. A veces estar solo duele menos que compartir la vida con alguien que lentamente te va destruyendo.
El violentómetro: cómo puede aumentar la violencia
La violencia puede comenzar con comportamientos que algunas personas llegan a considerar ligeros o incluso normales, pero puede ir aumentando progresivamente.
Entre las primeras señales aparecen:
- Bromas hirientes
- Chantajear
- Mentir
- Engañar
- Ignorar
- Aplicar la ley de hielo
- Celar
- Acechar
- Estar detrás de las redes sociales y espiar
- Culpabilizar
- Descalificar
Después aparecen conductas más intensas:
- Ridiculizar
- Ofender
- Humillar en público
- Intimidar
- Amenazar
Muchas veces estas conductas se justifican diciendo que eran una broma o que simplemente se estaba jugando. Pero no es lo mismo decir que alguien es «acomedida» que decirle «ofrecida». En la segunda expresión existe una intención clara de humillar y ridiculizar.
La violencia puede continuar con:
- Controlar
- Prohibir
- Destruir artículos personales
- Manosear
- Dar caricias agresivas
- Cachetear
- Patear
- Encerrar
- Aislar
- Extorsionar
Cuando existen amenazas con objetos o armas, la situación ya es urgente.
También es especialmente grave difundir contenido íntimo sin consentimiento por medios digitales. Es una situación que se está dando a niveles brutales y requiere atención.
Después aparecen la amenaza de muerte, forzar una relación sexual, el abuso sexual, la violación, la mutilación y el asesinato.
Por eso es importante entender que la violencia no debe normalizarse desde sus primeras manifestaciones.
No normalizar el maltrato
Hay que dejar de normalizar el maltrato. No nos lo merecemos.
No es recomendable justificar las conductas violentas diciendo «así nos llevamos» o «era una broma». Una broma hiriente puede ser el comienzo de una escalada que llegue hasta niveles de violencia mucho más graves.
También es importante prestar atención a cómo se vive cotidianamente dentro de una relación. Si una persona se despierta asustada porque no sabe si su pareja llegará furiosa, enojada o gritándole, no está viviendo una relación que le dé paz.
Tampoco debería normalizarse la ingratitud o el desprecio constante, como no agradecer un desayuno o aquello que se hace por la otra persona.
Cuando una relación ya no funciona
Hay parejas que llegan a terapia pensando que su relación todavía puede funcionar, mientras que existen problemas de afinidad, adicciones severas o violencia sexual.
En estos casos, puede ocurrir que una persona siga aferrándose a la relación aunque las cosas ya no se estén dando.
Cuando las cosas no se dan, no se dan y punto.
Por eso también es importante escuchar con paciencia y tolerancia, sin juzgar. No se conoce la historia de la persona que está al lado y no corresponde señalarla ni hacer de terapeuta. Lo que sí puede observarse es cuando una pareja no escucha, no comprende y no permite hablar.
La clave vuelve a ser la misma: si no te da paz, no es ahí.
No hay que esperar a que el maltrato sea extremo
El violentómetro permite observar que la violencia puede ir desde las bromas hirientes hasta las formas más graves de agresión.
Por eso no conviene esperar a que llegue al extremo para tomar en serio las primeras señales.
No se trata de vivir en la paranoia, pero sí de reconocer que existen situaciones reales de violencia y que nadie debería acostumbrarse a vivir con miedo.
No importa la edad. El miedo y la necesidad de protegerse pueden aparecer incluso siendo una persona adulta de más de cincuenta años.
La idea fundamental es sencilla: donde no hay paz, no hay que quedarse.


