Cirugía Antirreflujo: Una solución moderna para recuperar el control sobre el reflujo gastroesofágico
¿El reflujo ya forma parte de tu rutina? Tal vez el problema no sea solamente la acidez
Hay pacientes que han aprendido a vivir con el reflujo: una pastilla antes de desayunar, evitar ciertos alimentos, dormir con la cabeza elevada y cruzar los dedos para que la acidez no aparezca después de cenar.
Pero cuando el ardor, la regurgitación o la sensación de que “la comida se regresa” se convierten en algo cotidiano, vale la pena hacer una pausa y preguntarse: ¿realmente estamos tratando la causa del problema o solamente controlando sus síntomas?
La enfermedad por reflujo gastroesofágico, conocida como ERGE, ocurre cuando el contenido del estómago asciende de manera anormal hacia el esófago. El tratamiento puede incluir cambios en el estilo de vida y medicamentos, principalmente inhibidores de la bomba de protones. Sin embargo, existe un grupo de pacientes en quienes estas medidas no son suficientes o que, por diferentes circunstancias, pueden ser candidatos a una intervención que busque corregir el mecanismo del reflujo.
Aquí es donde entra la cirugía antirreflujo.
Desde la perspectiva de la Endoscopía Digestiva y la Cirugía General, el objetivo no debe ser simplemente “operar el reflujo”. Antes de pensar en una cirugía es fundamental confirmar que los síntomas realmente se deben a ERGE, conocer la anatomía de la unión entre el esófago y el estómago y evaluar cómo funciona el esófago.
La cirugía moderna del reflujo es, precisamente, una cirugía cada vez más personalizada.
¿Qué es la cirugía antirreflujo?
La cirugía antirreflujo comprende diferentes procedimientos cuyo objetivo principal es restaurar o reforzar la barrera que evita que el contenido del estómago regrese hacia el esófago.
Una de las técnicas más conocidas es la funduplicatura, procedimiento en el que se utiliza la parte superior del estómago para reforzar la zona del esfínter esofágico inferior. Dependiendo de las características de cada paciente, puede realizarse una funduplicatura completa o parcial.
En muchos casos también es necesario reparar una hernia hiatal, una alteración anatómica en la que parte del estómago se desplaza hacia el tórax a través del hiato del diafragma. Cuando existe una hernia hiatal significativa, corregirla puede ser una parte esencial del tratamiento quirúrgico.
Actualmente, las guías quirúrgicas consideran tanto la cirugía laparoscópica como la robótica como alternativas para pacientes seleccionados, dependiendo de la experiencia del equipo, las características del paciente y la decisión compartida entre médico y paciente.
En otras palabras, no existe una única “cirugía antirreflujo” que funcione igual para todas las personas.
¿Cuándo puede ser necesaria una cirugía para el reflujo?
Tener reflujo ocasional no significa que sea necesario operarse. De hecho, la mayoría de los pacientes pueden controlarlo adecuadamente con tratamiento médico y modificaciones en el estilo de vida.
La cirugía comienza a tener un papel importante cuando existe ERGE confirmada de manera objetiva y determinadas características clínicas o anatómicas.
Entre las situaciones en las que puede considerarse se encuentran los pacientes con reflujo crónico o refractario al tratamiento, aquellos con síntomas persistentes y molestos a pesar de una estrategia médica adecuada, personas con esofagitis erosiva importante o pacientes con hernias hiatales de gran tamaño. Las recomendaciones del American College of Gastroenterology también reconocen la cirugía anti-reflujo como una alternativa de tratamiento a largo plazo en pacientes cuidadosamente seleccionados.
También puede ser una alternativa para determinados pacientes que presentan regurgitación persistente y desean explorar una opción que actúe directamente sobre la barrera anti-reflujo.
Pero hay un punto fundamental: no todo paciente que tiene acidez es candidato a cirugía.
La selección correcta es probablemente uno de los factores más importantes para obtener un buen resultado.
Antes de operar: primero hay que demostrar que existe reflujo
Uno de los errores que debemos evitar es asumir que cualquier síntoma digestivo es consecuencia de la ERGE.
Acidez, dolor en el pecho, tos, carraspera, sensación de globo en la garganta, distensión abdominal o dificultad para tragar pueden tener múltiples causas. Por eso, antes de indicar una cirugía antirreflujo, la evaluación debe ser integral.
La endoscopia digestiva alta permite observar directamente el esófago, el estómago y la unión gastroesofágica. Puede identificar esofagitis, estrechamientos, lesiones relacionadas con el reflujo, esófago de Barrett y alteraciones anatómicas como una hernia hiatal.
Además, las recomendaciones actuales destacan la importancia de documentar adecuadamente durante la endoscopia la anatomía de la unión gastroesofágica y los hallazgos objetivos relacionados con la ERGE.
Sin embargo, una endoscopia normal no necesariamente descarta el reflujo.
Por eso, en determinados pacientes se requieren estudios complementarios como la pH-metría o pH-impedanciometría, que permiten determinar si existe exposición anormal del esófago al ácido o si los síntomas están relacionados con episodios de reflujo.
La manometría esofágica, por su parte, permite estudiar el movimiento y la función del esófago. Es especialmente importante antes de una cirugía porque ayuda a conocer la motilidad esofágica y puede influir en la elección de la técnica quirúrgica.
El consenso multidisciplinario más reciente de SAGES recomienda que los pacientes con síntomas típicos sean evaluados mediante endoscopia, manometría y pruebas de pH antes de tomar decisiones terapéuticas invasivas, con estudios adicionales cuando existen síntomas atípicos o extraesofágicos.
Este enfoque permite algo muy importante: operar al paciente correcto y elegir el procedimiento correcto.
¿Cómo se realiza la cirugía antirreflujo?
En la actualidad, la mayoría de las cirugías anti-reflujo se realizan mediante técnicas mínimamente invasivas.
A través de pequeñas incisiones en el abdomen se introducen una cámara y los instrumentos quirúrgicos. Dependiendo del caso y de la experiencia del cirujano, puede utilizarse cirugía laparoscópica o asistida por robot.
El procedimiento puede incluir la reparación de la hernia hiatal, cuando existe, y posteriormente la reconstrucción de la barrera antirreflujo.
En una funduplicatura, la parte superior del estómago, llamada fundus, se moviliza y se coloca alrededor de la parte inferior del esófago. El objetivo es reforzar el mecanismo de cierre sin crear una obstrucción al paso de los alimentos.
La técnica puede ser completa, como la funduplicatura de Nissen, o parcial, como las técnicas de Toupet o Dor, entre otras variantes.
La elección no debería hacerse simplemente porque una técnica sea “mejor” que otra. Debe considerar la anatomía, los resultados de los estudios preoperatorios, la motilidad del esófago, los síntomas predominantes y las expectativas del paciente.
De hecho, las recomendaciones actuales contemplan tanto funduplicaturas completas como parciales, destacando que la elección debe individualizarse.
¿Qué beneficios puede ofrecer la cirugía antirreflujo?
El beneficio que más interesa al paciente suele ser muy sencillo de expresar: dejar de vivir pendiente del reflujo.
Cuando la indicación es adecuada, la cirugía puede mejorar significativamente la acidez y, especialmente, la regurgitación. También puede disminuir la dependencia de medicamentos para controlar los síntomas en determinados pacientes.
A diferencia de los medicamentos, que reducen principalmente la producción de ácido, la cirugía busca modificar físicamente el mecanismo que permite el paso anormal del contenido gástrico hacia el esófago.
Esto no significa que la cirugía sea necesariamente superior para todas las personas. La decisión debe individualizarse considerando los beneficios esperados, los posibles efectos secundarios y las preferencias del paciente.
Las guías de SAGES señalan que, en adultos con ERGE crónica o refractaria confirmada, la funduplicatura puede ser una alternativa al tratamiento médico continuado.
¿Existen alternativas a la funduplicatura tradicional?
Sí. La evolución del tratamiento de la ERGE ha permitido desarrollar diferentes estrategias.
Una de ellas es la estimulación magnética del esfínter esofágico, conocida como magnetic sphincter augmentation (MSA). Consiste en colocar un dispositivo formado por pequeños elementos magnéticos alrededor de la unión gastroesofágica para ayudar a reforzar la barrera anti-reflujo.
Las guías actuales consideran la MSA como una alternativa a la funduplicatura en pacientes seleccionados, especialmente cuando existe regurgitación y el tratamiento médico no ha conseguido un control adecuado.
También existen tratamientos endoscópicos, entre ellos la funduplicatura transoral sin incisión (TIF). En determinados pacientes puede ser una alternativa menos invasiva, aunque su indicación depende mucho de la anatomía de la unión gastroesofágica y de la presencia o tamaño de una hernia hiatal.
La guía de la American Society for Gastrointestinal Endoscopy (ASGE), publicada en 2025, incorpora estas opciones dentro del abordaje moderno de la ERGE y contempla tratamientos endoscópicos como TIF y otras estrategias en pacientes seleccionados.
Esto es especialmente relevante porque hoy hablar de “cirugía antirreflujo” ya no significa necesariamente hablar de una única técnica.
¿Y qué sucede si el paciente tiene obesidad?
Este es otro escenario en el que la estrategia debe individualizarse.
En pacientes con obesidad y ERGE, especialmente cuando existe obesidad importante, el tratamiento puede requerir una valoración diferente. En determinados pacientes, el bypass gástrico en Y de Roux puede ser una alternativa porque permite abordar simultáneamente la obesidad y el reflujo.
Las recomendaciones multidisciplinarias actuales consideran el bypass gástrico o la cirugía antirreflujo dependiendo de las características del paciente, y señalan un papel particular del bypass en pacientes con obesidad severa.
Por eso, antes de elegir una operación, hay que ver al paciente completo y no únicamente su esófago.
¿Cómo es la recuperación después de una cirugía antirreflujo?
Una de las ventajas de realizar estos procedimientos mediante cirugía mínimamente invasiva es que la recuperación suele ser considerablemente más rápida que con una cirugía abdominal abierta.
Sin embargo, es importante tener expectativas realistas.
Durante los primeros días o semanas puede existir sensación de inflamación, dificultad temporal para pasar algunos alimentos, saciedad temprana o cambios en la capacidad para eructar. La alimentación suele avanzar progresivamente, siguiendo las indicaciones del equipo quirúrgico.
El esófago y la unión gastroesofágica necesitan tiempo para adaptarse a la nueva anatomía.
Por eso, una recuperación exitosa no debe medirse únicamente por cómo se siente el paciente durante los primeros días. El objetivo es conseguir un buen control del reflujo y una adecuada función digestiva a largo plazo.
¿Cuáles son los riesgos de la cirugía antirreflujo?
Como cualquier procedimiento quirúrgico, la cirugía antirreflujo tiene riesgos.
Entre los efectos que pueden presentarse se encuentran dificultad para tragar, distensión abdominal, sensación de acumulación de gas, incapacidad o dificultad para eructar, recurrencia del reflujo o de la hernia hiatal y, en algunos casos, necesidad de una nueva intervención.
La posibilidad de disfagia es una de las razones por las que la elección entre una funduplicatura completa o parcial debe analizarse cuidadosamente.
Las guías de SAGES señalan precisamente que algunos pacientes pueden priorizar un mayor control del reflujo, mientras que otros pueden valorar más la reducción del riesgo de disfagia; estas preferencias pueden influir en la selección de la técnica.
La cirugía tampoco garantiza que absolutamente todos los síntomas digestivos desaparezcan. Si, por ejemplo, un paciente tiene síntomas que no están provocados por el reflujo, una operación correctamente realizada no necesariamente los resolverá.
Por eso vuelvo a insistir en algo que considero fundamental: el éxito comienza antes de entrar al quirófano.
Cirugía antirreflujo: la importancia de un enfoque integral
Desde mi perspectiva como especialista en Endoscopía Digestiva y Cirugía General, uno de los mayores cambios en el tratamiento moderno de la ERGE es que ya no deberíamos pensar únicamente en “dar medicamento” o “hacer una cirugía”.
Hoy podemos estudiar con mayor precisión qué está ocurriendo.
La endoscopia nos permite conocer la anatomía y detectar lesiones. La pH-metría ayuda a demostrar la presencia de reflujo. La manometría permite conocer la función del esófago. Los estudios de imagen pueden complementar la evaluación cuando existe una alteración anatómica.
Con toda esa información podemos construir una estrategia.
Y esa estrategia puede ser continuar con tratamiento médico, modificar hábitos, considerar una intervención endoscópica o plantear una cirugía anti-reflujo.
La tecnología es importante, pero la selección del paciente lo es todavía más.
¿La cirugía antirreflujo elimina para siempre el reflujo?
Es una de las preguntas más frecuentes y merece una respuesta honesta: ningún procedimiento puede garantizar que el reflujo jamás vuelva a aparecer.
La cirugía puede ofrecer un control prolongado y significativo de la ERGE en pacientes adecuadamente seleccionados, pero existen factores que pueden influir en los resultados a largo plazo, incluyendo la anatomía, la técnica utilizada, la evolución de la hernia hiatal, el peso corporal y otros factores individuales.
Por esta razón, la cirugía no debe presentarse como una solución “mágica” ni como un procedimiento que cualquier paciente con acidez necesita.
Es una herramienta terapéutica muy valiosa cuando existe una indicación correcta.
Una decisión que debe tomarse de manera personalizada
La medicina moderna se está alejando cada vez más de las soluciones idénticas para todos.
En cirugía antirreflujo esto es especialmente evidente.
Dos pacientes pueden tener el mismo diagnóstico de ERGE, pero una anatomía diferente, una motilidad esofágica distinta, diferentes síntomas y expectativas completamente distintas. En consecuencia, su tratamiento puede no ser el mismo.
La decisión final debe surgir de una conversación clara entre el paciente, el gastroenterólogo, el endoscopista y el cirujano, apoyada en estudios objetivos y en la mejor evidencia disponible.
Cuando el reflujo deja de ser ocasional y comienza a controlar tu vida
La acidez frecuente no debería convertirse en algo que simplemente aprendemos a soportar.
Cuando el reflujo es persistente, afecta la calidad de vida, existe una hernia hiatal, aparecen complicaciones o los medicamentos no ofrecen el resultado esperado, vale la pena realizar una evaluación especializada para determinar si existe una alternativa definitiva o de mayor duración.
La cirugía antirreflujo ha evolucionado hacia procedimientos mínimamente invasivos, técnicas cada vez más personalizadas y una mejor selección de pacientes. Además, hoy contamos con alternativas quirúrgicas, robóticas, laparoscópicas y endoscópicas que permiten diseñar un tratamiento de acuerdo con las características de cada persona.
Mi recomendación es sencilla: antes de decidir cómo tratar el reflujo, primero hay que entender por qué está ocurriendo.
Porque cuando conocemos la anatomía, comprobamos objetivamente el reflujo y evaluamos cómo funciona el esófago, podemos dejar de tratar solamente la acidez y comenzar a tratar al paciente de manera integral.
Y ese, en mi opinión, es el verdadero objetivo de la cirugía anti-reflujo moderna: no solamente apagar el síntoma, sino recuperar la calidad de vida con una estrategia segura, personalizada y basada en evidencia.


