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Enfermedades de transmisión sexuales: Por infecciones bacterianas y virales

En la actualidad existen diferentes enfermedades de transmisión sexual que afectan la región anorectal.

 

Las ETS pueden ser originadas por bacterias, hongos, virus y comúnmente son mixtas en pacientes inmunosuprimidos.


¿Cuáles son las principales infecciones de transmisión sexual que afectan la región anorrectal?

Las infecciones de transmisión sexual pueden provocar inflamación del recto, conocida como proctitis, así como lesiones, úlceras, verrugas y secreciones anormales. Entre los microorganismos asociados se encuentran bacterias como Treponema pallidum, Neisseria gonorrhoeae y Chlamydia trachomatis, además de virus como el virus del papiloma humano (VPH) y el virus del herpes simple.


La presentación clínica depende del agente infeccioso, el estado del sistema inmunológico y las características de cada paciente.


Infecciones bacterianas

Entre las principales infecciones bacterianas que pueden comprometer la región anorrectal se encuentran:

  1. Sífilis: Es causada por la bacteria Treponema pallidum. En su fase primaria puede producir un chancro en la región anal o perianal, generalmente una úlcera que puede pasar inadvertida. También puede acompañarse de inflamación de los ganglios inguinales. Durante la fase secundaria pueden aparecer condilomas planos, conocidos como condilomas lata, en la región perianal. En algunos pacientes se presentan molestias rectales, secreción o sangrado. El diagnóstico se realiza mediante pruebas serológicas y, cuando está indicado, estudios complementarios de las lesiones.
  2. Gonorrea: Es una infección ocasionada por Neisseria gonorrhoeae. Cuando afecta el recto puede provocar proctitis, con síntomas como secreción mucopurulenta, dolor anorrectal, sangrado, tenesmo —sensación persistente de necesitar evacuar— y molestias durante la defecación. En la anoscopia, la mucosa rectal puede observarse congestionada, edematosa y con exudado purulento. Sin embargo, algunas infecciones rectales por gonorrea pueden no producir síntomas, por lo que el diagnóstico requiere pruebas microbiológicas.
  3. Clamidia: La infección por Chlamydia trachomatis también puede ocasionar proctitis. Se manifiesta con secreción rectal, dolor, sangrado y tenesmo. Algunas variantes de esta bacteria, conocidas como serovares de linfogranuloma venéreo (LGV), pueden provocar cuadros inflamatorios más intensos, con úlceras y afectación de los ganglios linfáticos.


El diagnóstico se realiza mediante pruebas moleculares, como las pruebas de amplificación de ácidos nucleicos (NAAT), utilizando muestras del sitio anatómico afectado.


Infecciones virales

Las infecciones virales también pueden afectar la región anorrectal y producir manifestaciones que requieren atención especializada.

  1. Virus del papiloma humano (VPH): Es una de las infecciones de transmisión sexual más relevantes en la región anogenital. Puede provocar verrugas o condilomas anales, cuyo tratamiento depende de su número, tamaño, localización y características clínicas. Las lesiones pequeñas pueden tratarse con medicamentos tópicos o procedimientos ablativos, mientras que las lesiones extensas o numerosas pueden requerir extirpación quirúrgica. Es importante señalar que determinados genotipos del VPH se relacionan con el desarrollo de lesiones precancerosas y cáncer anal. El riesgo es mayor en personas con inmunosupresión, particularmente en aquellas que viven con VIH. También se ha documentado una mayor incidencia de cáncer anal en hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, especialmente cuando existe infección por VIH.
  2. Virus de inmunodeficiencia humana (VIH): Aunque el VIH no produce directamente una infección anorrectal específica, el deterioro del sistema inmunológico puede favorecer la aparición de distintas enfermedades en esta región, incluidas infecciones oportunistas, lesiones relacionadas con el VPH y procesos inflamatorios.


El tratamiento de las enfermedades anorrectales en personas que viven con VIH debe individualizarse. Por ejemplo, los abscesos anorrectales requieren drenaje oportuno, mientras que los procedimientos quirúrgicos para tratar hemorroides o fístulas deben planificarse considerando el estado inmunológico, la carga viral, el recuento de linfocitos CD4 y las condiciones generales del paciente.


¿Cómo se diagnostican las infecciones de transmisión sexual anorrectales?

El diagnóstico comienza con una valoración clínica que incluye la revisión de los síntomas, los antecedentes médicos y sexuales, así como una exploración de la región perianal y del canal anal.


Dependiendo de los hallazgos, el especialista puede realizar una anoscopia para observar directamente la mucosa rectal e identificar inflamación, secreciones, úlceras o lesiones sospechosas. También puede solicitar pruebas de laboratorio, como cultivos, pruebas moleculares y estudios serológicos para detectar los microorganismos responsables.


Es importante considerar que algunas infecciones pueden presentarse sin síntomas evidentes. Por ello, las pruebas deben seleccionarse de acuerdo con las prácticas sexuales, los sitios de exposición y los antecedentes de cada paciente.


¿Cuándo acudir con un especialista en enfermedades anorrectales?

El sangrado, la secreción rectal, las úlceras, las verrugas o el dolor en la región anal son manifestaciones que requieren atención médica, especialmente cuando persisten o aparecen después de una exposición sexual de riesgo.


La valoración por un especialista en Coloproctología permite identificar el origen de estas alteraciones, establecer un diagnóstico preciso y determinar el tratamiento más adecuado. Esto es particularmente importante en personas con VIH o alguna condición de inmunosupresión, quienes pueden presentar infecciones simultáneas o complicaciones que requieren un seguimiento específico.


Detectar y tratar oportunamente las infecciones de transmisión sexual que afectan la región anorrectal no solo ayuda a controlar los síntomas y prevenir complicaciones, sino que también permite reducir el riesgo de transmisión y atender de manera integral la salud del paciente.