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Recién nacido de alto riesgo: Cuándo acudir con un Neonatólogo

Hay bebés que llegan al mundo necesitando un poco más de vigilancia. No necesariamente porque estén enfermos, sino porque determinadas circunstancias del embarazo, del nacimiento o de sus primeros días de vida pueden aumentar la posibilidad de presentar complicaciones.


Y aquí aparece una pregunta muy frecuente entre madres y padres: ¿cómo sé si mi bebé necesita ser valorado por un Neonatólogo?


La respuesta no siempre está en el peso del bebé, en si lloró al nacer o incluso en si aparentemente “se ve sano”. Algunos recién nacidos pueden requerir seguimiento especializado aun después de haber salido del hospital sin complicaciones aparentes.


Como Pediatra y Neonatólogo, uno de los mensajes que considero más importantes para las familias es este: en un recién nacido, prevenir y detectar a tiempo suele ser mucho más sencillo que esperar a que aparezca un problema evidente. La neonatología no se limita a atender bebés en terapia intensiva; también acompaña a aquellos que, por sus antecedentes, necesitan una vigilancia más estrecha durante una etapa especialmente delicada de la vida.


La Organización Mundial de la Salud señala que los primeros 28 días son el periodo de mayor vulnerabilidad para la supervivencia del niño. La prematurez, las complicaciones relacionadas con el nacimiento, las infecciones y las anomalías congénitas se encuentran entre las principales causas de enfermedad y mortalidad neonatal.


Por eso, conocer qué significa ser un recién nacido de alto riesgo y cuándo consultar con un especialista en Neonatología puede marcar una diferencia importante.


¿Qué es un recién nacido de alto riesgo?

Un recién nacido de alto riesgo es aquel que, por sus características, antecedentes o evolución, tiene una mayor probabilidad de presentar complicaciones durante los primeros días, semanas o meses de vida y puede necesitar vigilancia médica especializada.


Esto no significa que el bebé necesariamente vaya a enfermar. Significa que su historia clínica justifica estar un paso adelante.


Entre los principales factores que pueden hacer que un bebé sea considerado de mayor riesgo se encuentran el nacimiento prematuro, el bajo peso al nacer, determinadas complicaciones durante el parto, dificultades respiratorias, infecciones, alteraciones de glucosa, problemas para alimentarse, algunas malformaciones congénitas y ciertas condiciones maternas o del embarazo.


La American Academy of Pediatrics también considera dentro de los grupos de recién nacidos de alto riesgo a los prematuros, a los bebés con necesidades especiales de atención o dependencia de tecnología, y a aquellos que presentan problemas médicos que requieren seguimiento después del alta hospitalaria.


En otras palabras, un recién nacido de alto riesgo no es sinónimo de un bebé grave. Es un bebé que merece una estrategia de seguimiento individualizada.


¿Cuándo un recién nacido debería ser valorado por un neonatólogo?

No existe una única circunstancia que determine la necesidad de acudir con un neonatólogo. La decisión depende de la edad gestacional, peso, antecedentes, exploración física y evolución del bebé.


Sin embargo, hay situaciones en las que recomiendo que la familia tenga una valoración especializada, incluso si el recién nacido ya fue dado de alta.


Si nació antes de las 37 semanas

La prematurez es uno de los motivos más importantes para considerar seguimiento por Neonatología.


Se considera prematuro al bebé que nace antes de completar las 37 semanas de gestación. Dentro de este grupo existen diferentes grados: prematuros extremos, muy prematuros y prematuros moderados o tardíos.


Los llamados prematuros tardíos, que pueden parecer prácticamente iguales a un recién nacido de término, también pueden presentar dificultades para mantener la temperatura, alimentarse adecuadamente, controlar la glucosa o coordinar la respiración y la alimentación.


Por eso, una de las frases que conviene evitar es: “Nació de ocho meses y medio, pero está grande, así que ya no tiene riesgo”. La edad gestacional importa tanto como el peso y la apariencia del bebé.


Si nació con bajo peso

Un bebé pequeño para su edad gestacional o con bajo peso al nacer puede requerir una vigilancia especial de crecimiento, alimentación, temperatura y desarrollo.


El peso es un dato importante, pero no debe analizarse de manera aislada. Un recién nacido puede tener un peso aparentemente adecuado y, aun así, necesitar seguimiento por otros antecedentes.


En los bebés con bajo peso o prematuros, la OMS recomienda prestar especial atención a la alimentación, mantener una adecuada temperatura, favorecer el contacto piel con piel cuando las condiciones médicas lo permiten y vigilar estrechamente los signos de alarma.


Si necesitó reanimación al nacimiento

Cuando un bebé requiere maniobras de reanimación neonatal, oxígeno, ventilación o alguna intervención adicional para comenzar a respirar adecuadamente, es importante conocer exactamente qué ocurrió y determinar si necesita seguimiento.


No todos los bebés que reciben una intervención al nacimiento tendrán consecuencias posteriores. Sin embargo, la información sobre cómo respondió durante los primeros minutos y horas de vida puede ser relevante para decidir la vigilancia posterior.


Por eso, los antecedentes del nacimiento siempre deben formar parte de la consulta pediátrica.


Si permaneció en una Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales

Un ingreso a una unidad neonatal no significa necesariamente que exista una secuela. Muchos bebés que requieren cuidados intensivos evolucionan favorablemente y crecen de manera completamente normal.


Pero cuando un recién nacido estuvo hospitalizado por prematurez, dificultad respiratoria, infección, alteraciones neurológicas, problemas de alimentación u otras condiciones importantes, es recomendable establecer un plan de seguimiento.


La AAP destaca la importancia de continuar vigilando el crecimiento y desarrollo de los bebés de alto riesgo después del alta y, cuando corresponde, establecer seguimiento multidisciplinario.


Si tiene dificultades para alimentarse

La alimentación es uno de los mejores indicadores de cómo está funcionando un recién nacido.


Un bebé que se alimenta con dificultad, se queda dormido constantemente durante las tomas, presenta una succión débil, se fatiga al comer, vomita de manera repetida o no consigue mantener una adecuada ingesta necesita ser evaluado.


En los prematuros, la coordinación entre succión, deglución y respiración puede estar inmadura. En otros casos, una dificultad para alimentarse puede ser la primera manifestación de una infección, alteración metabólica, problema neurológico o dificultad respiratoria.


Por eso, “no quiere comer” no debería minimizarse en un recién nacido, especialmente cuando se acompaña de somnolencia, respiración anormal o disminución de la cantidad de orina.


Signos de alarma: ¿cuándo acudir de inmediato?

Hay situaciones en las que no debemos esperar a la siguiente consulta con el pediatra o neonatólogo.


La normativa mexicana recomienda informar a las familias sobre signos de alarma como fiebre, ictericia, apnea, coloración azulada, dificultad respiratoria, convulsiones, vómito, distensión abdominal, hipotermia y problemas relacionados con la alimentación o el estado de alerta.


Dificultad para respirar

Si el bebé respira con mucho esfuerzo, se le hunden las costillas, mueve exageradamente el abdomen al respirar, presenta pausas respiratorias, emite sonidos anormales al respirar o cambia de color, requiere valoración médica inmediata.


La dificultad respiratoria puede evolucionar rápidamente en un recién nacido.


Coloración azulada o grisácea

Una coloración azulada de labios, lengua o piel, particularmente si aparece durante el reposo o se acompaña de dificultad para respirar, debe considerarse un signo de alarma.


No es recomendable intentar determinar en casa si “es por frío” cuando existe una coloración anormal persistente.


Fiebre o temperatura corporal anormal

La fiebre en un recién nacido debe tomarse con seriedad. También puede ser preocupante que el bebé se encuentre anormalmente frío.


Los recién nacidos pueden presentar infecciones importantes sin manifestar inicialmente los síntomas clásicos que observamos en niños mayores. Por eso, ante una temperatura anormal, lo indicado es solicitar valoración médica.


Somnolencia excesiva o poca respuesta

Un recién nacido duerme mucho, pero existe una diferencia entre dormir y encontrarse excesivamente decaído.


Si cuesta mucho despertarlo para comer, responde poco al estímulo, tiene un llanto inusualmente débil o muestra un cambio importante respecto a su comportamiento habitual, necesita ser evaluado.


La OMS incluye la disminución de la actividad, los problemas de alimentación, la dificultad respiratoria, la fiebre, las convulsiones y la sensación de frío entre los signos que requieren atención oportuna.


Convulsiones

Ante movimientos repetitivos anormales, episodios de rigidez, sacudidas que no se detienen al sujetar suavemente la extremidad o cualquier evento que haga sospechar una convulsión, el bebé debe recibir atención médica inmediata.


Ictericia intensa o de aparición temprana

La ictericia, esa coloración amarillenta de la piel y los ojos, es frecuente en los recién nacidos. Sin embargo, no toda ictericia es igual.


Cuando aparece durante las primeras 24 horas de vida, progresa rápidamente, es muy intensa o se acompaña de otros síntomas, necesita una evaluación médica.


El objetivo no es alarmar a los padres, sino determinar si se trata de una ictericia fisiológica o si existe una causa que requiere tratamiento y seguimiento.


¿Qué hace un neonatólogo durante la consulta?

La consulta con Neonatología va mucho más allá de pesar al bebé.


El especialista revisa los antecedentes del embarazo, el número de semanas de gestación, el peso y talla al nacimiento, las condiciones del parto, la adaptación neonatal, los estudios realizados, la estancia hospitalaria y cualquier tratamiento recibido.


Posteriormente se realiza una valoración física completa y se analiza cómo está comiendo, cuánto está creciendo, cómo duerme, cómo responde a los estímulos y cómo está evolucionando su desarrollo.


En un bebé prematuro, además, es fundamental considerar la edad corregida para interpretar adecuadamente algunos hitos del desarrollo. La AAP señala que el seguimiento del desarrollo debe individualizarse en los niños nacidos prematuramente y recomienda utilizar la edad corregida, particularmente durante los primeros dos años.


Dependiendo de los antecedentes, el neonatólogo puede recomendar seguimiento de nutrición, desarrollo neurológico, audición, visión, respiración o alimentación, además de coordinar la atención con otros especialistas cuando sea necesario.


¿Qué estudios puede necesitar un recién nacido de alto riesgo?

No todos los bebés necesitan los mismos estudios y, algo muy importante, hacer más estudios no siempre significa dar mejor atención.


La medicina neonatal moderna busca realizar las evaluaciones que realmente aporten información útil de acuerdo con los antecedentes y la evolución del bebé.


En algunos casos pueden requerirse análisis de sangre, estudios de imagen, valoración oftalmológica o auditiva, seguimiento de crecimiento, evaluación de alimentación o pruebas específicas relacionadas con la prematurez o con la enfermedad que presentó durante la hospitalización.


La decisión debe individualizarse. El objetivo es detectar oportunamente alteraciones que puedan beneficiarse de una intervención temprana, evitando también estudios innecesarios.


La recuperación no termina cuando el bebé sale del hospital

Uno de los conceptos que más ha cambiado en la Neonatología moderna es entender que el alta hospitalaria no significa el final del tratamiento; significa el comienzo de una nueva etapa de seguimiento.


Un bebé puede estar suficientemente estable para ir a casa y todavía necesitar vigilancia estrecha de peso, alimentación, respiración o desarrollo.


De hecho, la AAP señala que el alta de un recién nacido de alto riesgo debe acompañarse de un plan de seguimiento y de una adecuada preparación de la familia. En los prematuros, la estabilidad fisiológica, la alimentación suficiente, la capacidad para mantener la temperatura y una función respiratoria madura son elementos fundamentales para determinar la seguridad del egreso.


En México, la NOM-007-SSA2-2016 establece como parte de la atención del recién nacido una primera consulta entre los 3 y 5 días posteriores al nacimiento y una segunda a los 28 días, además de la vigilancia y orientación sobre signos de alarma.


Para un bebé de alto riesgo, el calendario puede ser diferente y más estrecho.


¿Todos los bebés de alto riesgo tendrán problemas de desarrollo?

No.


Este punto es fundamental para las familias. Tener un factor de riesgo no equivale a tener un diagnóstico.


Muchos bebés prematuros, pequeños al nacer o que pasaron por una hospitalización neonatal evolucionan muy bien. El propósito de la vigilancia especializada no es etiquetar al niño, sino identificar lo antes posible cualquier dificultad que pudiera beneficiarse de apoyo.


El seguimiento del neurodesarrollo permite detectar oportunamente alteraciones motoras, cognitivas, del lenguaje, de la alimentación o de la conducta. En los niños con antecedentes neonatales importantes, la vigilancia periódica puede facilitar una intervención temprana cuando esta sea necesaria.


Y aquí hay una idea que me gusta transmitir a los padres: vigilar no es esperar a que aparezca un problema; es crear las condiciones para reconocerlo temprano, si llegara a presentarse.


El papel de los padres también es parte del tratamiento

La atención neonatal actual reconoce a los padres como parte esencial del equipo de cuidado.


El contacto piel con piel, la lactancia materna cuando es posible, la extracción y administración de leche materna cuando el bebé aún no puede alimentarse directamente, la higiene de manos y el reconocimiento de signos de alarma son acciones que pueden contribuir significativamente al cuidado del recién nacido.


La OMS recomienda favorecer el contacto piel con piel y la alimentación con leche materna en los bebés prematuros y de bajo peso cuando las condiciones clínicas lo permiten.


Pero también hay que cuidar algo que a veces se deja en segundo plano: la confianza de los padres.


Es normal sentir miedo después de una estancia en terapia intensiva neonatal. Es normal revisar constantemente la respiración del bebé o preguntarse si está comiendo suficiente. Una consulta de seguimiento también sirve para resolver dudas, explicar qué es esperable y establecer señales claras sobre cuándo pedir ayuda.


¿Cuándo elegir un neonatólogo y cuándo acudir directamente a urgencias?

Una forma práctica de entenderlo es la siguiente: si el bebé está estable pero tiene antecedentes que requieren vigilancia especializada —por ejemplo, prematurez, bajo peso, estancia en terapia neonatal o dificultades persistentes para alimentarse—, una consulta programada con un neonatólogo puede ser muy útil.


Pero si presenta dificultad respiratoria importante, coloración azulada, convulsiones, alteración marcada del estado de alerta, fiebre, hipotermia u otro deterioro agudo, no hay que esperar una consulta programada. Debe recibir atención médica urgente.


El neonatólogo puede formar parte del seguimiento, pero ante una emergencia neonatal lo prioritario es que el bebé sea atendido inmediatamente en un servicio con capacidad para estabilizarlo.


Una mirada moderna a la Neonatología: cuidar hoy para favorecer el futuro

La Neonatología ha avanzado enormemente. Hoy no se trata únicamente de conseguir que un bebé sobreviva a una enfermedad o a una prematurez.


La meta es mucho más amplia: que sobreviva, que crezca bien, que se alimente adecuadamente, que tenga un desarrollo saludable y que la familia pueda acompañarlo con seguridad en casa.


Esto implica una atención cada vez más individualizada y coordinada entre neonatólogos, pediatras, enfermería, nutrición, rehabilitación y otros especialistas cuando se necesitan.


En los bebés prematuros y de alto riesgo, el seguimiento del desarrollo adquiere especial relevancia porque algunas dificultades pueden aparecer después del alta, cuando el bebé ya parece encontrarse bien. La evidencia actual respalda la vigilancia longitudinal y, cuando corresponde, el acceso a programas multidisciplinarios de seguimiento.


Ante un recién nacido de alto riesgo, la mejor herramienta es la prevención

Ser padre o madre de un recién nacido de alto riesgo puede generar muchas preguntas. ¿Está respirando bien? ¿Está comiendo suficiente? ¿Está aumentando de peso? ¿Ese movimiento es normal? ¿Necesita otro estudio? ¿Ya debería sonreír o sostener la cabeza?


No todas estas preguntas tienen que resolverse en internet ni deben generar ansiedad. Lo importante es contar con un pediatra y, cuando los antecedentes lo ameritan, con un neonatólogo que conozca la historia del bebé y pueda establecer un plan de seguimiento personalizado.


La consulta con un neonatólogo no debe reservarse únicamente para los bebés que están graves. También puede ser una herramienta de prevención para aquellos que comenzaron su vida con un riesgo mayor.


Si un bebé nació prematuro, tuvo bajo peso, necesitó cuidados intensivos, presentó dificultades respiratorias o de alimentación, requirió reanimación o tiene algún antecedente médico relevante, vale la pena preguntar al pediatra si necesita seguimiento especializado.


Y ante cualquier signo de alarma —dificultad para respirar, coloración azulada, fiebre, hipotermia, convulsiones, somnolencia marcada, rechazo persistente al alimento o deterioro repentino—, la recomendación es clara: no esperar a que “se le pase”. En un recién nacido, actuar a tiempo puede cambiar el curso de una enfermedad.


La mejor atención neonatal combina tecnología y experiencia médica, pero también algo tan sencillo y poderoso como escuchar a los padres. Ellos son quienes conocen mejor los pequeños cambios de su bebé. Cuando algo no parece normal, pedir una valoración no es exagerar: es cuidar.