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Lunares y tumores de piel: por qué una lesión sospechosa nunca debe quitarse con láser

Cómo distinguir lo benigno de lo que no lo es, la señal de alarma que casi nadie reconoce y por qué el estudio patológico no es opcional.


La advertencia primero

Empiezo por lo más importante de este texto, porque es lo que puede cambiar un desenlace: no recomendamos la electrofulguración, el rasurado, la luz pulsada ni el láser para retirar lesiones sospechosas, ni cuando existe duda sobre sus características clínicas.

La razón es concreta. Estos métodos destruyen la lesión y no dejan tejido que analizar. En la base de la lesión pueden quedar células precancerosas que, con el tiempo, vuelven a crecer. En los años setenta se puso de moda retirar la mayoría de estas lesiones por rasurado y electrofulguración; el problema fue exactamente ese: la recurrencia.

En muchos centros estéticos se ofrece "quitar lunares con láser" en una sesión, sin estudio previo. Si la lesión resulta ser un tumor, se perdió la oportunidad de diagnosticarlo y quedó una cicatriz encima.

Lo que sí es benigno

Buena parte de las lesiones cutáneas son molestas estéticamente pero no representan ningún peligro médico. Entre ellas:

Verrugas comunes: aparecen sobre todo en zonas de pliegue o roce, cara, manos, piernas, plantas de los pies y tronco. Crecen rápido y aumentan en número, así que conviene tratarlas pronto.

Queratosis solar y queratosis seborreica. La hiperqueratosis senil aparece a partir de los 50 años; la queratosis seborreica puede aparecer desde la edad adulta joven.

Quistes cutáneos, granuloma piógeno y fibromas: su tratamiento es exclusivamente quirúrgico.

Para verrugas y queratosis existen agentes criogénicos —nieve carbónica, óxido nitroso, nitrógeno líquido— que se aplican semanalmente hasta su desaparición. Los preparados tópicos como el ácido salicílico y la podofilina producen una quemadura importante en el borde de la lesión y, cuando la lesión es grande, no penetran las capas profundas y dejan residuo. El láser de CO2 permite retirar todas las verrugas en una sola sesión.

Lo que hay que vigilar

Entre las lesiones premalignas se encuentran la enfermedad de Bowen, las queratosis solares, los cuernos cutáneos, la eritroplasia de Queyrat, la dermatitis crónica por radiación, las leucoplasias y las cicatrices queloides. Algunas lesiones de origen melánico y vascular —nevos intradérmicos, compuestos, de unión, nevo azul, hemangiomas, angiomas— también se vigilan por la facilidad con la que pueden cambiar histológicamente.

La señal de alarma que casi nadie reconoce

El epitelioma basocelular es el tumor cutáneo más frecuente. Se presenta como una formación nodular brillante y cérea, con algunas telangiectasias alrededor, que al crecer se deprime o se eleva en su parte central. Sus bordes parecen una roseta de formaciones descamativas que a veces se tornan de color negruzco.

Y aquí está el dato que hace que tantos pacientes lleguen tarde: estas lesiones sangran con facilidad al desprenderse la costra y después cicatrizan solas. El paciente ve que "se curó" y no consulta. Semanas después vuelve a abrirse. Una lesión que sangra, cicatriza y reaparece en el mismo sitio debe valorarse, aunque parezca inofensiva.

Las regiones donde con más frecuencia aparecen estos tumores son, en orden: nariz, orejas, párpados, mejillas, labios, cuello y cabeza, y tronco. Es decir, la cara.

Un mito que conviene enterrar

Cuando Jacob describió el epitelioma basocelular en 1827 se asoció a pacientes de piel blanca con predisposición genética. Con los años y con el estudio a fondo de los fototipos de Fitzpatrick, se ha visto que esta lesión puede aparecer en prácticamente todos los tonos de piel. Tener piel morena no excluye el riesgo, y esa falsa seguridad retrasa diagnósticos.

Factores que favorecen su aparición:

  • Exposición solar, tanto en climas tropicales como en climas secos
  • Exposición a rayos ultravioleta y a rayos X
  • Herencia y carga genética
  • Piel traumatizada por accidentes o quemaduras
  • Exposición a carcinógenos como el arsénico

El tratamiento correcto

En nuestra opinión, el tratamiento ideal para retirar un epitelioma basocelular es la resección completa de la lesión y su posterior estudio patológico, para determinar si el tumor se retiró por completo, tanto en sus bordes laterales como en el profundo. Sin ese estudio no hay forma de saberlo.

Existe además la técnica de Mohs, que realiza fijación en frío y estudio directo del tumor durante la propia cirugía para confirmar que se ha extirpado completamente.

La criocirugía tuvo mucho auge en los años ochenta, pero incluso midiendo el frío alcanzado en la profundidad del tumor, los reportes de reactivación son importantes. La radioterapia es muy agresiva y las secuelas estéticas y físicas residuales son considerables, por lo que preferimos un método más seguro y menos cruento.

La elección depende de la localización y las características del tumor, la edad del paciente y el tiempo de evolución. Si tienes una lesión que cambió de tamaño, color o forma, que sangra, o que cicatriza y reaparece, acude a valoración. No la trates por tu cuenta y no permitas que se retire sin estudio patológico.

Este contenido tiene fines informativos y no sustituye una consulta médica.